miércoles, 6 de mayo de 2009

EL ARGUMENTO CONTRA DIOS


Las religiones monoteístas han fracasado. Probablemente pretendían demasiado. Prometían demasiado. Sus contradicciones son tan evidentes que llegó un momento en que el hombre, liberado de la ignorancia y de fantasías románticas, consiguió dejar de hacer la vista gorda ante las paradojas de lo escrito frente a la vida real. El Dios de las religiones institucionales, esa figura omnipotente, omnisciente y todopoderosa, amante de sus creyentes y compasivo, murió en los hornos crematorios de Auschwitz, languidece donde los niños mueren diariamente de hambre, y cae abatido por las balas del asesino, la picana eléctrica del torturador, la hipodérmica del drogadicto y el explosivo del terrorista.
Si Dios es bueno y justo, si El constituye la cumbre y el epítome de todo lo que es bueno y positivo en la creación, ¿cómo reconciliar esto con la existencia del mal, la miseria, el crimen y la enfermedad? Alegar que Dios actúa según criterios que escapan la razón del hombre, y que lo que llamamos mal en realidad no lo es, o que el dolor está destinado a salvarnos de un mal mayor, es evadir la pregunta. Aunque supusiéramos que desde un cierto punto de vista el bien y el mal fueran indistinguibles, el hecho sigue vigente que nosotros, en nuestro plano humano, seguimos experimentando el bien y el mal, el placer y el dolor en nuestra carne, nuestra mente; no es Dios quien lo experimenta, y por lo tanto, si Dios es bueno, ¿no debiera librar sus criaturas de tales dolorosas y degradantes experiencias? Algunas personas, llamémoslas "los Escépticos", llegan a la conclusión de que o Dios es bueno, y en ese caso tenemos que reconocer que no es todopoderoso, o bien que Dios es indiferente - de nuestro punto de vista - y en ese caso no podemos pretender que eventualmente el mundo vaya a llegar a ser justo y bueno, porque esas son categorías que no le atañen a la divinidad. Y si el mundo llegara algún día a alcanzar una etapa de justicia y bienestar, dicen los Escépticos, será sólo como resultado de los esfuerzos del hombre, y no por la intervención divina, pues la divinidad no funciona de acuerdo con estas categorías. Desde ese punto de vista, entonces, para todos los fines prácticos, Dios no existe, y si existe, no lo es en el plano funcional que nos concierne. Es como si habitara otro planeta, otra galaxia, y no nos afecta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario