viernes, 26 de junio de 2009

El argumento por Dios


Sin embargo, a pesar de todo lo escrito en la sección anterior, no podemos ignorar la experiencia del bien, tanto humano como ultra-humano. Intencionalmente me abstengo de usar el término divino, pero es una experiencia general que el bien es expansivo, aumenta, multiplica, mientras que el mal disminuye, contrae, deforma la humanidad de una persona.

Esta es la reacción diaria a las circunstancias de la vida, y no es necesario apelar a ninguna fuerza sobrehumana para sentirla.

Si el hombre es capaz de sentir amor, el afecto verdadero, profundo que siente hacia su cónyuge, hacia sus hijos, ¿no es acaso razonable pensar que el creador del universo, el que estableció "las reglas del juego" (las leyes de la naturaleza) del mundo, las que condujeron al desarrollo de la especie humana, y que permiten al hombre sentir ese amor, también entiende, si no comparte, tales sentimientos? Este es el meollo del problema, pues si negamos la existencia de Dios, la experiencia diaria del aspecto positivo del bien constituiría un juego sin sentido. Quizás desde el punto de vista egoísta del individuo pudiera tener algún significado, pero del punto de vista colectivo, de
la humanidad en su totalidad, la vida, el mundo, el universo, todo sería como escribió el poeta "una comedia escrita por un loco, sin significado alguno".

El error, a mi entender, está en verbalizar, en esconder las ideas debajo del velo de la terminología. ¿Qué queremos decir cuando decimos Dios? ¿Es que estamos escondiéndonos detrás del uso de una palabra, un sonido, para ahorrarnos de ahondar en su significado? Olvidemos por un momento el homomorfismo heredado de las ilustraciones cristianas, el anciano pintado por Miguel Ángel inyectando la chispa divina en Adán sólo tocándolo con un dedo. Por supuesto, estas imágenes de Dios son indefensibles. Pero pongámonos lejos de las figuras retóricas banales que desfiguran las ideas dándoles un significado aparente, aunque no lo tengan. Si Dios no es humano, y no es una "Fuerza de la Naturaleza", y no tiene cualidades, aunque sean positivas, ni es la negación de otras cualidades, por negativas que sean, ¿qué nos queda? ¿La idea de Platón, del "primer motor" que mueve y él mismo permanece inmóvil?

En otros términos, me parece que nos queda el "modo" del universo, el "estilo" de la creación. No sólo en tales detalles como el azul del cielo (si el cielo fuera rojo, ¿no nos produciría la misma impresión, y no se escribirían sonetos sobre el rubor nacarino del cielo?) o la música que nos emociona hasta las lágrimas, pero la construcción del mundo, sus cualidades, su funcionamiento, y la capacidad del hombre de apreciar este mecanismo, reflexionar sobre él, y echar una mirada, fugaz como sea, a la realidad que proyecta sus sombras sobre el muro de nuestra caverna mental


por.Leon celdis

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