martes, 21 de julio de 2009

EL SENTIDO DE DIOS.

¿Cómo se le explica a un ciego de nacimiento la diferencia entre un color y otro? Más importante aún, ¿cómo explicar la sensación que uno experimenta al ver una obra maestra, o un hermoso paisaje, el mar en día de tormenta, un paisaje nevado en invierno? Igualmente, es imposible describir la belleza de una cantata de Bach, o una sinfonía de Beethoven a un sordo, o expresar en palabras lo que siente un niño al escuchar la canción de cuna de su madre.

Para apreciar el arte o la naturaleza, se precisa el sentido de la vista. Para entender la belleza de la música hay que ser capaz de escucharla con el sentido del oído.

¿Cuál sentido tenemos que nos permita sentir a Dios?

Si todas las cosas que mencioné recién son imposibles de describir, ¿cuánto más imposible será expresar la naturaleza, las cualidades o las intenciones de Dios? No tenemos el lenguaje capaz de expresar lo inefable. No tenemos ese sentido que nos abra el camino para comprender lo divino.


Es por eso que los místicos tienen dificultad en relatar sus experiencias, se ven obligados a emplear toda clase de metáforas, parábolas, alusiones para transmitir sus vivencias. Hablan de la luz, el infinito (el eyn sof de los cabalistas), o le atribuyen cualidades humanas a Dios, tales como compasión, ira, misericordia, cualidades que podemos comprender, poder, conocimiento, tiempo, y decimos que Dios es eterno, cuando en realidad Dios está fuera del tiempo, y el tiempo es irrelevante con respecto a Dios.

El espacio es irrelevante concerniente a Dios. Cada una de las cualidades físicas o morales que podamos concebir no tienen realidad en la esfera en la que Dios existe.


Los Cabalistas adoptaron la metáfora de las diez Sefirot, las emanaciones o aspectos o herramientas de Dios. Para que el universo exista, los ilimitado tiene que transformarse en limitado, contraerse, por lo menos parcialmente, lo intemporal se torna en sujeto al tiempo, y todas las cualidades que la mente humana es capaz de concebir pueden ser creadas, separadas de la vastedad del infinito.


Viviendo dentro de los límites de espacio-tiempo, nuestra mente es incapaz de alcanzar más allá de esta realidad, así como los esclavos en la caverna descrita por Platón no podían ver el mundo real, sólo sombras proyectadas en el muro. Sin embargo, por la existencia de dichas sombras, los esclavos podían llegar a la conclusión de la existencia de algo más.

Esta misma conclusión podemos deducir de nuestro universo de espacio-tiempo, y concluir que tiene que existir algo distinto, más allá de nuestras tres dimensiones, mucho más vasto, inimaginable, intemporal.







POR . Leon Zeldis


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