viernes, 3 de julio de 2009

OTRA REFLEXIÓN SOBRE LA REALIDAD DEL MAL.


El punto que hay que tener presente es que el mal es necesario.
Para entender la necesidad del mal debemos considerar la dicotomía de libre albedrío contra determinismo.
En un mundo determinista todo está predeterminado.


Del momento en que nace el hombre, su vida ya está establecida.
Más tarde me ocuparé de esta creencia en más detalle, cuando hable de la astrología.


Pero en un mundo así no puede haber ni bien ni mal, ni virtudes ni vicios, porque si todo está predeterminado en mi vida, yo no puedo actuar de otra manera, así que no soy culpable si actúo mal, ni tengo mérito alguno por actuar bien.

El hombre se convierte en una especie de robot, un pequeño engranaje en el inmenso mecanismo del universo,
obligado a actuar según las instrucciones de las fuerzas que actúan sobre él, llamémoslas destino o lo que sea.

Sin embargo, ¿es razonable pensar que Dios crearía el universo como un juguete mecánico, dándole cuerda y echándolo a andar? ¿Estaría esto de acuerdo con la idea de poner orden en el caos? ¿Qué diferencia habría, si el orden no tiene ningún significado lo mismo que el caos?

El desarrollo significa cambio.
Para desarrollarnos espiritualmente, debemos ser capaces de cambiar y eso implica el libre albedrío, la capacidad de decidir por sí mismo, lo opuesto del determinismo.
Pero si podemos decidir, quiere decir que tenemos varias alternativas entre las cuales elegir. En otras palabras, hay que elegir entre algunas opciones buenas y otras malas.
El mundo perfecto puede ser imaginado solamente si postulamos que existe su opuesto, el mundo dominado por el mal. La existencia del mal es indispensable para que podamos concebir la existencia del bien, de otro modo el bien no tendría sentido.

Esto nos impone una enorme responsabilidad: elegir el sendero correcto, actuar en forma que nos aproximemos a Dios.

Solamente teniendo libre albedrío podemos tener alternativas, podemos elegir un camino u otro, hacer esto o aquello, creer o no creer.
Este último punto tiene consecuencias de gran significado, porque si alguien dice que no cree en Dios, está de hecho reconociendo la existencia del libre albedrío, y eso convalida mi argumento por la necesidad del mal.


Por : Leon Zeldis

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